
El fotógrafo catalán Joan Monfort tomó, en 2007, una foto que, 19 años después, le da la vuelta al mundo porque, contra todo pronóstico, sus protagonistas son los actores principales de la final del Mundial de Norteamérica y, en teoría, era imposible que ese encuentro ocurriera.
Al reportero gráfico español lo contrataron para que hiciera las tomas de un calendario que promocionaron Unicef y el F.C. Barcelona. El club blaugrana definió que Lionel Messi, entonces una joven figura que empezaba a consolidar su carrera en el equipo, apareciera.
También debía salir un niño pequeño; más cerca del nacimiento que de otra cosa en la vida. Hicieron un concurso. Participaron miles de menores que vivían en Barcelona y sus alrededores. Quiso la suerte que el concurso lo ganara un niño de ascendencia africana: Lamine Yamal, hijo de un hombre marroquí y una mujer de Guinea Ecuatorial que tenía menos de un año.
Para la toma, según le contó Monfort a BBC Mundo, se buscó que participaran personas de diferentes orígenes y etnias con el objetivo de reflejar una sociedad plural, diversa. Por eso, también eligieron a Messi, un hombre que, aunque para entonces llevaba varios años en España, no dejaba de ser un migrante en el extranjero.
Messi siempre fue tímido, callado. Eso preocupaba a Monfort. Por eso pensó una manera de que aquel joven de 20 años interactuara con el niño elegido. Mientras bañaba a su hija, en la bañera azul que aparece en la foto, decidió que esa escena que estaba viviendo era la más oportuna para reflejar la cercanía que la toma requería.
Se llevó, para la sesión de fotos, la bañera de su hija. También un “patito” que aparece en la parte de abajo. Después, le pidió a Messi que actuara como si estuviera bañando al niño. También le dijo a Sheila, la madre del bebé, que se parar detrás de él para que el niño estuviera alegre y no dejara de sonreír. Tomó la foto.
Nunca pensó que, frente a él, tenía a los dos hombres que, 19 años después, serían las grandes figuras para promocionar la final del Mundial de 2026. “Si me hubiera sentado a escribir una historia, no habría podido inventar una mejor”, dijo el fotógrafo. Tenía razón. El periodista norteamericano Jordan Schultz le preguntó a la inteligencia artificial cuál era la posibilidad de que los protagonistas de esa foto terminaran siendo dos estrellas del fútbol mundial.
La respuesta que le dio la inteligencia artificial, después de procesar las variables que le dio, fue que la posibilidad era una en 625 trillones. Sin embargo, una casualidad que, en realidad, era casi imposible ocurrirá el domingo en Nueva York, durante la final del Mundial de Norteamérica: el mejor futbolista de todos los tiempos, se enfrentará con un niño de 19 años que es uno de los mejores jugadores de la actualidad. Ambos se conocieron en 2007 por pura casualidad.
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