
Guerra de bolsas
Resumen: Fuad Gonzalo Chacón recorre la moda de las tote bags de librerías, de Strand en Nueva York a Daunt Books en Londres, Dublín y Madrid.
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Los decretos que de unos años para acá empezaron a cobrar las bolsas de plástico en los supermercados de todo el mundo, además de una creciente concienciación ambiental por parte de las nuevas generaciones, han provocado un inesperado boom de las bolsas de tela (o tote bags, si eres gringo) como sucedáneo preferido en la básica, pero no por ello menos noble, función de cargar cosas. Y por alguna hermosa razón que nadie tiene clara, pero que yo imputo a la inescindible comunión entre libros y peso, terminaron siendo las librerías los inesperados negocios que liderarían la moda urbana de este tipo de productos, haciendo de las tote bags accesorios de primera necesidad para todos los lectores que quieran identificarse silenciosamente por la calle como tales.
La maestra indiscutible en esta relativamente nueva disciplina cultural es, sin lugar a dudas, la ya casi centenaria Strand, pues en su catálogo de merchandising es posible encontrar más de 70 variedades diferentes de todos los colores y sabores que se venden entre los 17 y los 94 dólares (algo así como $50.000 y $300.000). Desde versiones alternativas de su atemporal logo hasta ilustraciones a mano de su icónico edificio en el cruce de Broadway con la Calle 12 Este o de Fred Bass, su legendario dueño fallecido en 2018, pasando por frases de empoderamiento lector como “Una mujer bien leída es una criatura peligrosa” o “No existe tal cosa como comprar demasiados libros”, si no encuentras una que te guste es porque sencillamente no has querido.
Las bolsas de Strand compiten mano a mano con las del supermercado Trader Joe’s, que ha sabido convertirse en un auténtico accesorio de moda, avistándose a gente con ellas al hombro hasta en capitales europeas, porque la competencia en su gremio es más bien poca: Books are Magic de Brooklyn hace lo que puede con propuestas ingeniosas, pero pierde competitividad por el tamaño de su fabricante; McNally Jackson sufre con unos diseños tremendamente minimalistas que de lo sobrio resbalan fácilmente hacia lo soso y The Center for Fiction tiene una negra con blanco muy bonita, tan pero tan bonita, que lleva meses agotada. Tal parece que la única que podría hacerle sombra es la de la Librería Pública de Nueva York que tiene de su lado al león más famoso de toda Manhattan.
En otras ciudades la cosa está un poco más decantada. Londres está dominada por las bolsas de un solo modelo de Daunt Books (una ilustración sencilla de su fachada), resistiendo ante el empujón fashionista de gigantes como Foyles y Waterstones; Dublín está entregada a la bolsa de fique y agarradera gruesa de Hodges Figgis que no tiene rival que le plante cara; mientras que en Madrid el trono ha quedado vacante tras la desaparición de Tipos Infames y su icónica tote bag de tonos rojos a principios de año. Es posible que su reemplazo esté entre algún diseño de La Central o La Mistral, aunque si de mí dependiera, elegiría la bolsa de Pérgamo que pone “DeBí CoMpRaR Más LiBrOs” porque sencillamente es cine.
Las opiniones que aquí se publican son responsabilidad de su autor.

hace 4 horas
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