
Antes de que el balón rodara en Vancouver, el corazón de Colombia ya latía en dos ciudades separadas por miles de kilómetros. Más de 40.000 colombianos teñían de amarillo las tribunas del estadio canadiense.
Mientras tanto, en Kansas City, cientos de compatriotas aguardaban frente a una pantalla gigante con la ilusión intacta. Ya sabían que Argentina había derrotado 3-2 a Egipto y que, si Colombia vencía a Suiza, el siguiente capítulo del Mundial tendría aroma a revancha.
La colonia colombiana en Kansas y muchos de los aficionados que habían viajado para seguir a la Selección, pero que no pudieron desplazarse a Vancouver por inconvenientes con sus visas, encontraron en el centro de la ciudad un pequeño pedazo de Colombia. Llegaron con pelucas amarillas, azules y rojas; con las caras pintadas; con banderas que parecían no tener fin; con vuvuzelas, tambores y camisetas que llevaban meses esperando este momento. Pero, por encima de cualquier adorno, llevaron la fe.
Porque hay partidos que empiezan mucho antes del pitazo inicial.
El primer grito contenido nació del botín de Gustavo Puerta. Su remate cruzado llevaba destino de gol, pero el arquero suizo alcanzó a desviarlo. El rugido colectivo que salió de Kansas fue tan fuerte que por un instante pareció recorrer el continente.
La respuesta suiza no tardó. Entonces apareció Camilo Vargas. Una vez. Y otra vez. Como tantas veces durante el Mundial. Dos intervenciones bastaron para recordarles a todos que Colombia seguía viva. El primer tiempo terminó como una partida de ajedrez. Ninguno regaló una ficha. Ninguno encontró el movimiento definitivo.
Durante el descanso nadie permaneció inmóvil en Kansas. Sonó la cumbia, el vallenato y la salsa. Los colombianos bailaron para espantar los nervios mientras varios estadounidenses observaban con curiosidad aquella fiesta improvisada en plena calle. Era imposible no contagiarse de una hinchada capaz de convertir la espera en celebración.
El complemento volvió con Suiza atacando. Los europeos insinuaban peligro, aunque sin puntería. Poco a poco Colombia recuperó el balón y el partido volvió a equilibrarse, como si ninguno quisiera cometer el error que podía acabar con el sueño.
Frente a la pantalla gigante, las emociones ya no cabían en el cuerpo. Había quienes se agarraban la cabeza, quienes se mordían las uñas y quienes no dejaban de cantar. “Vamos, vamos Colombia, que esta noche tenemos que ganar...”
Era un coro que se repetía una y otra vez, como si pudiera atravesar la distancia y llegar hasta Vancouver. A los 62 minutos, Luis Suárez sacó un remate desviado. No fue gol, pero sí una chispa que reavivó la esperanza.
Entonces Néstor Lorenzo movió el tablero. Sacó a James Rodríguez y a Jhon Arias. Entraron Juan Fernando Quintero y Jaminton Campaz. Había que arriesgar. Juanfer empezó a encontrar esos espacios invisibles para los demás. Filtró balones, aceleró el juego y le dio otra cara al ataque colombiano. Faltaba, sin embargo, ese último pase que rompiera definitivamente la resistencia suiza.
Después llegaron el Cucho Hernández y Richard Ríos. Colombia ganó piernas, recuperó energía y volvió a sentirse más peligrosa. Pero el reloj avanzó sin dueño y el empate obligó a jugar treinta minutos más.
Cada aproximación era un terremoto emocional.
Un centro venenoso de Juanfer, una caída de Campaz dentro del área, otro balón que sembró dudas... y nuevamente explotaron las vuvuzelas en Kansas. Nadie se resignaba. Después llegó el cabezazo de Jhon Lucumí.
El balón se estrelló contra el travesaño. Hubo lágrimas de nervios. Hubo risas nerviosas. Hubo manos sobre el rostro. Hubo silencio durante apenas un segundo antes de volver a creer.
Campaz empezó a asumir el protagonismo. Gambeteó, encaró, remató. Colombia parecía más entera físicamente que Suiza. Y cuando los europeos intentaron responder, Vargas volvió a convertirse en gigante.
El primer tiempo suplementario terminó entre aplausos en Kansas. Miles de kilómetros separaban a la afición de sus jugadores, pero el corazón seguía jugando al lado de ellos. Igual que el de millones de colombianos que, desde cada rincón del país, compartían el mismo sufrimiento.
En los últimos quince minutos Colombia no dejó de buscar.
Parecía tener más combustible. Parecía estar más cerca. Entonces apareció la ocasión que pudo cambiar la historia. Campaz quedó mano a mano con el arquero. El tiempo pareció detenerse. El disparo se fue por encima del travesaño. La oportunidad de evitar los penales se escapó por centímetros.
Y llegaron los doce pasos. En Kansas dejó de importar el calor del verano. La gente sudaba frío. Las conversaciones desaparecieron. Solo quedaron las oraciones, las bendiciones, las manos entrelazadas y las miradas elevadas al cielo. Juan Fernando Quintero abrió la tanda con categoría y encendió la ilusión.
Granit Xhaka respondió para Suiza. Camilo Vargas alcanzó a tocar el balón, pero no logró desviarlo. Después llegó el golpe más inesperado. Dávinson Sánchez estrelló su cobro contra el travesaño. Dolía aún más porque había sido uno de los gigantes de Colombia durante todo el Mundial.
Amdouni puso adelante a Suiza. Campaz respondió con sangre fría.
Entonces Manuel Akanji falló. Kansas explotó como si hubiera sido un gol. La serie volvía a empezar. Pero el Cucho Hernández no pudo aprovechar el regalo. Su disparo desperdició la oportunidad de poner a Colombia arriba.
Suiza volvió a marcar. Luis Díaz convirtió el suyo y mantuvo viva la esperanza hasta el último instante. Entonces llegó el cobro definitivo. Silencio. Red. Y el sueño terminó. No hubo gritos. Solo abrazos.
Algunos lloraban. Otros permanecían inmóviles mirando una pantalla que ya mostraba la celebración suiza. Muchos aplaudían.
Porque el dolor era inmenso, pero también el orgullo. Colombia se despidió del Mundial sin perder un solo partido. Cayó únicamente en la crueldad de los penales, dejando la sensación de que tenía fútbol, carácter y argumentos para llegar mucho más lejos.
Y mientras los jugadores abandonaban el campo de Vancouver, en Kansas las banderas seguían ondeando. No celebraban una clasificación.
Celebraban algo distinto. Festejaban a una selección que volvió a unir a un país entero y a una hinchada que, estuviera en Vancouver, en Kansas o en cualquier rincón de Colombia, demostró ser una de las más alegres, apasionadas y fieles de todo el Mundial.
Empiezan los penaltis. Colombia patea primero
Penaltis:
Goool de Suiza. Los europeos ganaron la tanda de penaltis. Clasificaron a cuartos de final del Mundial de Norteamérica.
Goooool de Luis Díaz. El futbolista guajiro anotó.
Gol de Suiza. Están adelante en la tanda.
Juan Camilo Hernández pateó. Erró su cobro.
El tercer cobro de los suizos se fue por arriba. La tanda está empatada a dos goles.
Goooool de Colombia. Jaminton Campaz anotó su cobro. Colombia empata 2-2, pero tiene un cobro menos.
Ambouni pateó para Suiza. Anotó. Los europeos ganan la tanda.
Dávinson Sánchez erró el segundo penalti de la tanda para Colombia.
Xhaka pateó por Suiza. Camilo Vargas estuvo cerca de atajarlo. El balón entró.
Gooooool de Colombia. Juanfer Quintero anotó el primer penalti de la tanda
Minuto 115: Jaminton Campaz estuvo cerca de marcar. Tuvo una opción solo, dentro del área. No pudo definir bien. Se fue por encima del arco.
Minuto 107: el futbolista colombiano Jhon Lucumí estrelló un balón en el palo en un tiro de esquina que cobró Juan Fernando Quintero.
Terminó el tiempo reglamentario. El encuentro se definirá en tiempo extra.
Minuto 85: aunque la Selección Colombia ha estado encima de su rival, el encuentro sigue empatado sin goles. El juego ha sido cerrado, complicado.
Minuto 62: Luis Javier Suárez pateó al arco de los suizos. La pelota se fue desviada. El encuentro sigue 0-0.
Minuto 53: la Selección de Suiza tuvo un tiro libre cerca del arco defendido por Camilo Vargas. El volante Xhaka pateó y el balón pegó en la parte de afuera de la portería. El juego sigue 0-0 en Canadá.
Minuto 48: la Selección de Suiza estuvo cerca de hacer gol. El futbolista pateó por encima del arco defendido por Camilo Vargas.
Empezó el segundo tiempo del partido en Vancouver
Minuto 20: Colombia estuvo cerca de marcar. Gustavo Puerta tuvo un remate desde afuera del área que el arquero del equipo suizo sacó al tiro de esquina. El cuadro cafetero es el que más se ha acercado al arco rival.
Minuto 15: el encuentro ha estado parejo en Vancouver. Tanto la Selección Colombia, como el seleccionado suizo, han cuidado muy bien su zona defensiva. Los bloques medios cuando el rival tiene el balón han dificultado que se generen acciones de gol. En lo que va del encuentro solo Colombia llegó una vez.
Los titulares de la Selección Colombia:
Camilo Vargas; Daniel Muñoz, Dávinson Sánchez, Jhon Lucumí, Johan Mojica; Jhon Arias, Jéfferson Lerma, Gustavo Puerta; James Rodríguez, Luis Suárez, Luis Díaz.
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