
El conjunto del Cristo Mutilado y el Inmaculado Corazón de María, de Bellavista (Bojayá), podrían ser declarados Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional.
Esta postulación surgió tras la segunda sesión ordinaria del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, que respaldaron la iniciativa en reconocimiento de sus valores históricos, estéticos y simbólicos, además de su profundo significado para la memoria de las víctimas del conflicto armado en Colombia.
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Las esculturas son de gran importancia simbólica y pertenecen a la Diócesis de Quibdó, específicamente a la parroquia San Pablo Apóstol de Bellavista. Su custodia es compartida entre la diócesis, la parroquia y la comunidad de Bellavista, en particular por la congregación religiosa de las Agustinas Misioneras, así como por grupos parroquiales y colectivos como el Grupo de Mujeres Artesanas Guayacán y el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá.
Para entender de qué está conformado este conjunto, basta con explicar que se compone de dos imágenes religiosas policromadas en yeso que se encontraban en la iglesia de San Pablo Apóstol de Bellavista el 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba lanzado por las FARC, en medio de un enfrentamiento con grupos paramilitares, cayó sobre el altar del templo, causando la muerte de 102 personas y la destrucción de la iglesia.
Estas imágenes conservan en su superficie las huellas del horror provocado por aquella masacre, que representó un punto de inflexión entre el conflicto armado y la religión. Rescatadas de entre los escombros del templo y preservadas con profundo respeto, devoción y afecto por la comunidad sobreviviente, se han convertido en símbolos de memoria, resistencia y esperanza.
“Los habitantes de Bojayá son alquimistas, capaces de transformar el horror en belleza. Pese al olvido, al abandono del Estado, la comunidad ha conseguido convertirse en un ejemplo para el país de perdón, reconciliación y resistencia. En Bojayá y en sus símbolos están las claves para construir una sociedad que pueda vivir en paz”, señaló Saia Vergara Jaime, viceministra de los Patrimonios, las Memorias y la Gobernanza Cultural.
Las esculturas también representan cánones del culto católico, pero la propia comunidad ha procurado preservarlas, pese a que sufrieron los estragos de la guerra y hoy acompañan procesos de memoria y resistencia que incluyen a las víctimas del conflicto armado colombiano.
El proceso que conduce a esta declaratoria tuvo su origen en la implementación de la Ley 2087 de 2021 y en la solicitud presentada por el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, que identificó esta medida como una acción de reparación simbólica.
Para sustentar la declaratoria, el Grupo de Patrimonio Cultural Mueble desarrolló una investigación basada en talleres comunitarios, entrevistas con víctimas de la masacre, organizaciones sociales, comunidades religiosas, representantes de la Iglesia católica y entidades relacionadas con la memoria histórica.
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También realizaron análisis técnicos de las imágenes con el apoyo del Laboratorio de Estudios de Artes y Patrimonio de la Universidad de los Andes y se avanza en un proyecto de restauración del Inmaculado Corazón de María, financiado por el Ministerio de las Culturas.









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