Hacía más de un siglo que México no tocaba la legislación sobre la jornada laboral. La Constitución de 1917, nacida al calor de la Revolución, colocó al país en la vanguardia de los derechos laborales con una jornada de ocho horas diarias y 48 semanales. Fue pasando el tiempo y otros países adoptaron reformas mientras México, uno de los lugares donde más horas se trabaja, por encima de las 2.000 al año, mantenía su marco de principios de siglo. Morena recuperó una demanda histórica de la izquierda y se puso manos a la obra. Han sido casi cuatro años de borradores, presiones, pausas, cambios de sexenio y negociaciones -con marchas y huelgas de hambre incluidas- hasta llegar a su publicación este miércoles en el Diario oficial de una reforma no tan ambiciosa como el proyecto original. El decreto de la presidenta Claudia Sheinbaum establece una reducción progresiva hasta las 40 horas para el 2030, en línea con otros cambios legislativos recientes en Chile o Colombia. Los sectores más críticos lamentan las modificaciones al primer proyecto, como que se mantenga un solo día de descanso y un aumento de las horas extras.

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