
Matías Jascalevich recuerda ese miércoles por la tarde en que, mientras la orquesta juvenil Virgen de Itatí ensayaba dentro del galpón de la capilla en que funcionaba, afuera bandas narcos ajustaban cuentas a balazos. Veía la escena a través de la gran puerta de chapa abierta. “Escuchamos gritos, corridas, tiros. Fuimos comunicándonos entre profesores lo que estaba sucediendo sin alertar a los chicos para prevenir el pánico y elegimos seguir adelante con nuestro ensayo, convencidos de que mantener a nuestros alumnos en actividad era mejor que sentarnos a esperar a que la situación se normalizara”, relata el director de la orquesta. Mientras en el barrio 1-11-14, uno de los más pobres de Buenos Aires, retumbaban los tiros, unos 60 niños se concentraban en leer la partitura frente a sus instrumentos, contraponían al caos el sonido ordenado de violines, cellos y guitarras.




hace 5 horas
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