Viernes Santo: ¿qué significa y cuáles son sus cuatro momentos principales?

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Era Jueves Santo, en la Basílica de San Juan de Letrán. El papa León XIV, inclinado, repitió el gesto de la Última Cena lavando los pies a 12 sacerdotes de su diócesis, en una liturgia en la que se recuerda que la autoridad pasa primero por el servicio. Ese gesto anuncia lo que viene después.

Llega el Viernes Santo. La Iglesia, en todo el mundo, se concentra en la Pasión y Muerte de Jesús. Según información de Vatican News, históricamente, este día conmemora el momento en que Cristo fue crucificado, el 14 del mes de Nisan, un viernes, y durante siglos fue vivido como jornada estricta de ayuno y luto. Esa práctica, con el tiempo, se extendió a todos los viernes del año como memoria permanente.

El Viernes Santo tiene una estructura casi pedagógica, que guía a los fieles por ese relato final. Este día recorre cuatro momentos importantes para la preparación de los fieles a La Pascua.

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En la tarde se conmemora la Pasión del Señor, una liturgia distinta a cualquier otra en el año ya que no hay consagración; sin embargo, sí se distribuye la comunión, que fue consagrada el día anterior, en Jueves Santo. El rito se desarrolla en tres momentos: la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Comunión, en un ambiente sobrio que invita a los fieles a fijar la mirada en Jesús crucificado y recorrer, paso a paso, las horas previas a su muerte.

Las palabras que acompañan ese momento van acorde a el sentido del día “He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Y, como recuerda el profeta Isaías, “Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes, maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”. Jesús muere, según la tradición cristiana, como parte de una misión de salvación.

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Luego viene el Vía Crucis. En calles, templos o plazas, los fieles siguen ese camino simbólico hacia el Calvario. Se realizan procesiones o actos públicos, generalmente encabezados por la imagen de Cristo sufriente y de su Madre Dolorosa, en los que se medita la Pasión y Muerte del Señor. Los católicos caminan con quien sufre y se detienen en cada estación para contemplar ese recorrido hasta la cruz.

Según recoge Vatican News, el origen del Vía Crucis no tiene una fecha precisa, pero se remonta a las primeras peregrinaciones en Jerusalén, donde los fieles recorrían los lugares de la Pasión de Jesús. La tradición cuenta que también María transitó ese mismo camino tras la muerte de su hijo, reviviendo su dolor.

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A lo largo del día también se escucha el Sermón de las Siete Palabras. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”; “Hoy estarás conmigo en el paraíso”; “Mujer, ahí tienes a tu hijo... ahí tienes a tu madre”; “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”; “Tengo sed”; “Todo está cumplido”; “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, siete frases dichas desde la cruz que han sido objeto de reflexión durante siglos.

Y, en paralelo, está el ayuno. No como castigo, sino como una forma de entrar en la penitencia del día. La Iglesia explica que este ayuno consta de una comida principal, dos más pequeñas que no la superen, y la abstinencia significa no comer carne y órganos de mamíferos y aves de corral, ni sopas y cremas de ellos.

El Viernes Santo no solo se vive en los templos. También se sugiere hacia dentro. “Debemos hacer propios los sentimientos de la Iglesia”, recordaba el sacerdote y teólogo P. Donato Jiménez, OAR. En entrevista para ACI Prensa.

La invitación es a mirar la propia vida a la luz de la cruz. Poner sobre la mesa los problemas, los dolores, las preguntas. Porque, en la lógica de este día, todo pasa por ahí. El P. Jiménez lo resume en “celebramos la muerte de Jesús, quien ha muerto por cada uno de nosotros y por toda la humanidad para reconciliarnos con el Padre”.

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Esa idea, la de una entrega personal, atraviesa el Viernes Santo. Es, según la fe cristiana, una historia que toca a cada uno. Hacia la noche, en algunos lugares, se celebra el Oficio de las Tinieblas. El templo se va quedando en oscuridad, progresivamente. Representa el momento en que, según el relato, el mundo queda sin su redentor. Pero al final, una vela se enciende, no lo ilumina todo pero rompe con la oscuridad lo suficiente para anticipar lo que viene. Porque el Viernes Santo no es el final. Es una pausa, incómoda incluso, antes de la Vigilia Pascual.

El Papa León XIV, en su reflexión centra el grito de Jesús en la cruz como un mensaje que no es solo dolor, también es esperanza. “En el Crucificado podemos reconocer a un Dios que no permanece distante, sino que entra hasta lo más hondo de nuestro dolor. Su grito es un acto profundo de humanidad, y también una forma extrema de oración”, señala. En ese clamor, dice, hay fe, hay amor y no se pierde la esperanza. De ahí la invitación a mirar al Crucificado y escuchar su “todo se ha cumplido” como un llamado a confiar, incluso en medio de la prueba, entendiendo que ni la muerte, ni la guerra ni el pecado tienen la última palabra.

Oración Señor Jesús, Hombre de la Cruz, a tu grito de dolor me uno con mi dolor, mis miedos y pérdidas,mis decepciones y el vacío del corazón.Te grito mi necesidad de Ti. Señor Jesús, Hombre de la Cruz, como sacerdote, me hago intercesor por todos mis hermanos y hermanas: te traigo, uniéndolo a tu grito, los gritos de los corazones que lloran por sus seres queridos que han muerto. Señor Jesús, Hombre de la Cruz, te traigo, uniéndolo a tu grito, el miedo de los enfermos y de los ancianos, el cansancio del personal sanitario el agotamiento de las familias, la desconfianza de los jóvenes, los niños y adolescentes. Señor Jesús, Hombre de la Cruz, te traigo, uniéndolo a tu grito, la preocupación de los empresarios, el miedo de los trabajadores. La inquietud de los profesores, el desconcierto de nuestras comunidades cristianas que se resquebrajan. Señor Jesús, Hombre de la Cruz, acepta nuestro clamor y escúchanos.Enséñanos a encomendarnos al Padre tuyo y nuestro, a dejar que nos custodie en sus amorosos brazos. Señor Jesús, Hombre de la Cruz, acepta nuestro clamor y escúchanos, seguros de que nada sucede fuera de tu plan de amor; enséñanos a creer que todo, en Ti, tiene sentido.Señor Jesús, Hombre de la cruz, confío en Ti. Me encomiendo a Ti.

(Oración de A.V. en Vatican News)

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Desde la Basílica de San Pedro, la Celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo se lleva a cabo este viernes a las 10:00 a. m. (hora de Colombia), presidida por el Papa León XIV.

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