Un secuestro en una carretera montañosa del suroeste colombiano recordó el martes que en Colombia nadie está del todo a salvo. La víctima fue la senadora indígena Aida Quilcué y su equipo de seguridad. Un grupo de hombres armados interceptó su camioneta y los hizo desaparecer durante horas. Todas las fuerzas del orden se movilizaron para encontrarlos. Aparecieron vivos. Pero el mensaje ya estaba enviado. Si a una senadora con escoltas la pueden borrar del mapa, aunque sea por unas horas, ¿qué queda para aquellos sin apellidos ni protección?

hace 2 meses
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