Desde que era muy niño, a Santiago Mazarrasa (Santander, 38 años) de pronto le invadía algo que él con el tiempo empezó a llamar la sensación. “Era una especie de náusea espiritual que me hacía consciente de que me iba a morir en cualquier momento. Cuando la tenía de pequeño me sentía muy mal, muy incómodo, pero era algo que me ocurría muy de vez en cuando, de forma muy espaciada”, explica con un tono afable y risueño, muy alejado de la angustia que describe. Sin embargo, ya frisando la treintena, cuando vivía en Berlín, ciudad donde, entre otras muchas cosas, trabajó como “cocinero de hamburguesas”, la cuestión se le fue de las manos: “Me empezó a ocurrir muy a menudo, cada vez era peor, hasta que se convirtieron en ataques de pánico que me hacían sentir una pérdida de contacto con la realidad. No me pasaba nada grave ni peligroso pero recuerdo mirarme y no verme las manos, no sentir el suelo bajo los pies. Llegué a un punto en el que me resultó completamente insoportable”.

hace 5 horas
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