Da igual si son inocentes o culpables, a todos los buscan sus madres cuando los desaparecen. Así de elástico y preciso es a veces el lenguaje: el verbo desaparecer tiene en México sujeto ejecutor e intención deliberada, igual que el verbo buscar. Hay más de 130.000 desaparecidos en el país, muchos de ellos muertos y diseminados por el territorio, mezclados con la tierra y revueltos entre sí, esperando a ser encontrados. El cuerpo mal enterrado interpela a quien lo llora y lo rastrea, pero no solo. “Se habla del duelo como una cuestión privada, psicológica, de las víctimas, pero es un problema político de primera clase”, dice la antropóloga Natalia Mendoza (Ciudad de México, 1981), que se adentra en la cuestión en su ensayo El extravío de los signos. “Del duelo público depende nuestra capacidad colectiva de imaginar un futuro más allá de la repetición rutinaria de la violencia”, plasmará en su texto.



hace 5 días
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