Medellín resistió el temblor, pero, ¿podemos dormir tranquilos?

hace 15 horas 9

Aún sin reponernos del dolor y la impotencia que generan tragedias como la que está viviendo Colombia, las preguntas sobre lo que sucedió y puede ocurrir ante un fenómeno natural similar son inevitables.

Algo claro hay: el sismo por sí solo no genera los colapsos de las estructuras sino un conjunto de factores, entre los que están la proximidad del epicentro, el cumplimiento o no de la norma y la calidad o año de construcción.

En Cali y Pereira, las zonas más devastadas no fueron precisamente las más marginadas ni aquellas con mayor número de viviendas informales. Hubo barrios enteros de clase media afectados por el movimiento, y esto se explica en los tipos de suelo y los diferentes niveles de riesgo, incluso, dentro de las mismas ciudades. También, la magnitud de las afectaciones tuvo que ver con la antigüedad y material de las construcciones.

El profesor John Jairo Blandón Valencia, ingeniero civil de la Universidad Nacional, explica que los daños sísmicos varían según el suelo y los efectos de sitio. Señala que para evaluar el estado de una edificación, se deben monitorear grietas, asentamientos, puertas o ventanas que fallen, y solicitar una revisión profesional de todo el conjunto.

Las construcciones informales y antiguas requieren especial atención y refuerzos colectivos; el diagnóstico incluye inspección, estudios de suelo y materiales, y modelación estructural.

Según este experto, las edificaciones construidas después de 1984, cuando se estableció la primera normativa de sismorresistencia en el país, con actualizaciones en 1998 y 2010, revisten mayor seguridad, pero no están exentas de riesgo.

“De la forma constructiva tenemos mucha mampostería, que es muy susceptible a que presente grietas. Pero no todas las grietas implican que hay problemas en la edificación. Hay unos elementos que llamamos no estructurales, muros divisorios, que simplemente separan espacios, pero, a veces, con cualquier movimiento se pueden agrietar. Simplemente se resana y no hay ningún problema”, dice.

La mampostería es un sistema constructivo tradicional que contempla piedras, ladrillos y bloques de hormigón. Es uno de los métodos de construcción más antiguos y versátiles de la historia. En Medellín y su área metropolitana, la mayoría de las edificaciones lo tienen, particularmente las de más de 30 años de construidas.

Si bien el vivir en un apartamento o casa de construcción tradicional o mampostería no representa un riesgo, sí es un indicador de que quienes la habitan deben monitorearla ante movimientos como el del lunes pasado.

“La gente debe estar pendiente si aparecen grietas. No es que ante la situación actual todo el mundo empiece a ver grietas por todos lados, porque, algunas aparecieron hace varios años, o han sido por dilataciones o de otros efectos. Entonces, es siempre monitorear, y si ven algún cambio, una puerta que no abre o cierra bien, son indicios de que puede haber alertas, y deben ir a un experto para que revise si ocurre un asentamiento”, enfatiza Blandón.

El geólogo Jaime Enrique Gómez, exdirector del Dagrán, máximo organismo de atención y prevención de desastres en Antioquia, y quien descubrió los daños estructurales del edificio Space, y ordenó oportunamente la evacuación de los habitantes, recomienda la revisión de las estructuras después de un sismo fuerte para determinar si presentan daños aunque cumplan la norma sismorresistente.

“Que usted sepa que su edificio, su casa cumple con la norma de sismorresistencia, y más aún si presenta algunas evidencias, algunas fisuras, algunas mechas, haga un análisis por parte de un profesional experto”, acota Gómez.

Como un efecto de la tragedia, los reportes de alertas en Medellín se incrementaron y el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (Dagrd) no da abasto para atender tanto llamado. Solo en cuatro días —los posteriores al terremoto— registró 604 visitas de inspección producto de solicitudes ante posibles alertas por grietas en sus viviendas. De estas, indicó el alcalde Federico Gutiérrez, hay 16 evacuaciones temporales y los habitantes están en autoalbergues.

“No hay infraestructura que esté en alto riesgo o haya que demoler”, aclara el mandatario, luego de realizar un recorrido por Carlos E. Restrepo, uno de los que tiene las características señaladas por Blandón: mampostería y construcción de más de 30 años.

“Estos son edificios construidos desde 1971. Con la revisión que hicimos, de acuerdo con las solicitudes de la gente, no presentan riesgo estructural”, agrega Gutiérrez.

Los especialistas señalan que las solicitudes ciudadanas para evaluar edificaciones —ya sea por ser anteriores a 1984, de origen informal o por presentar fisuras inusuales— deben tramitarse de manera particular.

Para ello, recomiendan acudir a firmas privadas o a los consultorios de ingeniería de algunas universidades de la ciudad. “Así como cuando vamos, periódicamente, al médico a revisarnos, también hay que hacerlo con las edificaciones, para ver qué señales están mostrando”, precisa Blandón.

El costo de las revisiones de particulares puede oscilar entre los $50 millones y $100 millones, sin contar las adecuaciones que, en determinados casos, recomiende el estudio, si detecta alguna patología que requiera intervención o, como sucedió con algunos de los edificios “enfermos” construidos por la firma que hizo el colapsado Space, realizar una repotenciación.

Es tanto el flujo de solicitudes de revisiones, no solo por parte de propietarios de viviendas, sino de entidades públicas y privadas, que los expertos realizan una prevalidación a través de fotografías que les envían.

Estas consultorías cuentan con profesionales idóneos que observan en fotos características de las grietas, tales como la inclinación o la ubicación, y esto les determina el grado de importancia que tiene y si es necesaria una visita. El solicitante debe tener en cuenta que si el inmueble a revisar está en uno de los pisos de una torre con varias viviendas, debe ser analizado por completo, pues los daños del nivel 4, por ejemplo, pueden ser consecuencia o los mismos del primero.

Ricardo León Bonnet, profesor de la facultad de Ingenierías de la Universidad de Medellín, y cocreador del Modelo Nacional de Riesgo Sísmico, establece que, de acuerdo con sus investigaciones, más del 60% de las edificaciones de Medellín fueron construidas antes de 1984, es decir, cuando no existía una norma regulatoria que obligara a incorporar materiales y prácticas sismorresistentes.

Además, afirma que muchas personas están viviendo en construcciones informales o en viviendas con mamposterías o pórticos que están desactualizados.

“En la mayoría de los casos, fueron diseñadas sin norma. No tienen varillas de refuerzo, no tienen columnas de concreto. O sea, no hay columnas, no hay vigas”, explica.

Una herramienta clave, no solo para los diagnósticos de sismorresistencia a inmuebles, sino para la construcción segura y con un cumplimiento efectivo de la norma, es la de la microzonificación sísmica en Medellín.

Este es un estudio que existe desde finales de la década de 1990 y divide la ciudad en 14 zonas con características diferentes frente a un eventual terremoto.

La herramienta permite identificar variaciones locales en la amenaza sísmica, especialmente, aquellas relacionadas con el tipo de suelo, y puede hacer más riguroso el diseño de las edificaciones si se incorpora como una exigencia normativa.

No obstante, Mateo Castaño, ingeniero con conocimientos en sismorresistencia, advierte que este documento está desactualizado y no fue aprobado por el Concejo. Tampoco quedó en ningún Plan de Ordenamiento Territorial (POT), por lo que no se tiene en cuenta en la aplicación de las normas de sismorresistencia, de manera particular, para cada proyecto urbanístico.

“Hoy estamos diseñando con base en que el sismo que puede venir es de determinada magnitud, pero el estudio de microzonificación nos puede decir que será mayor, y eso nos llevaría a construir distinto, por ejemplo, con más secciones de concreto o acero. Esto no quiere decir que lo que está hecho hoy es malo”, dice.

Según Castaño, la microzonificación —una exigencia que en Colombia solo aplica Bogotá al incluirla en su POT— permite identificar los efectos sísmicos locales según el tipo de suelo. Por ejemplo, determina que los terrenos cercanos a los ríos son menos compactos y, por lo tanto, amplifican más las ondas sísmicas.

El ingeniero, a su vez, se refirió al caso de Cali, que como Medellín tiene un estudio de microzonificación, aunque no está normatizado o aprobado por el Concejo, y afirmó que en este aparecen algunas zonas del sur de la ciudad con una amenaza sísmica mayor y, precisamente allí se registraron mayores afectaciones durante el terremoto.

Esa diferencia, agregó, muestra que una ciudad no presenta un comportamiento uniforme frente a los sismos. Incluso dentro de un mismo municipio pueden existir variaciones asociadas con el suelo y otros efectos. En Medellín, el estudio contempla 14 zonas. La discusión pendiente, según Castaño, es establecer su estado de aprobación e incorporación normativa.

Esa definición determinaría el peso que tendría para los proyectos que se presentan ante las curadurías y para el trabajo de los ingenieros estructurales.

La amenaza sísmica, más allá de si existen estudios de microzonificación o si su vivienda es de construcción tradicional o de ladrillo, se mitiga con prevención que comienza en preparar un kit que contenga medicamentos, utensilios básicos y una linterna, ropa interior.

También, tener un plan, con roles para cada uno de los integrantes de la familia, y que incluya a las mascotas, para saber dónde se resguardan, por ejemplo.

“Se deben normalizar los planes de gestión del riesgo en conjuntos residenciales, con simulacros familiares, maletines de emergencia, recursos comunitarios, roles definidos y comunicación basada únicamente en fuentes oficiales”, concluye.

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