Librería El Licenciado: 10 años haciendo de los libros un lugar de encuentro

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Hoy, cuando la librería cumple diez años, puede decirse que El Licenciado es un lugar donde no solo se compran libros, sino donde también se habitan. Un espacio en el que suceden múltiples actividades y en el que cualquier persona puede encontrar un lugar para leer, conversar y compartir.

Por Juan Ramírez.

La librería El Licenciado cumple diez años este 31 de julio desde que abrió sus puertas al público en el Complex de Llanogrande. Un proyecto que comenzó de forma modesta, con la idea de tener un espacio con libros y café, y que hoy en día se ha consolidado como uno de los referentes culturales más importantes del Oriente antioqueño.

Todo comenzó con una idea clara: tener los mejores libros y permitir que las personas pudieran ojearlos sin ningún inconveniente. Algo que parece simple, pero que en el fondo acarrea un sinfín de complicaciones. ¿Cómo tener los mejores libros? ¿Cómo escogerlos? ¿Puede un libro ser algo que se venda todos los días? ¿Qué tipo de lectores voy a tener? ¿Libros para todas las edades?

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Preguntas que, aun sin una respuesta definitiva, apuntaban hacia algo muy específico: contar con libreros formados y ofrecer un espacio donde los lectores no se sintieran perseguidos. Nada más aburridor que una librería sin libreros o una en la que abrir un libro implique el compromiso de tener que comprarlo. No se quería hacer una librería más del mercado ni limitarse a vender libros. Se buscaba rescatar el oficio del librero y encarnar todo lo que este implica: acompañar a los lectores para que encuentren el libro que su espíritu está buscando y conseguir aquellos que no logran encontrar.

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Sin embargo, ninguno de los libreros que empezó en El Licenciado había trabajado antes en una librería, y fue precisamente esa falta de experiencia la que impulsó el aprendizaje. Solo existía una convicción: construir una librería que se distinguiera por la calidad de su curaduría y por mantener las puertas abiertas a todo tipo de lectores. Se comenzó visitando las ferias del libro del país, asistiendo a cursos de formación y contactando la mayor cantidad posible de editoriales: no solo las grandes, sino también —y, sobre todo estas— las editoriales independientes.

De ahí que la librería nunca se conformara con recibir únicamente los libros que las editoriales enviaban. Muy pronto se entendió que, si se quería construir una verdadera selección de libros, era necesario salir a buscarla, recorrer otros espacios y ampliar constantemente el horizonte.

Ahora bien, ¿cuál era el siguiente paso? ¿Hacia dónde debía dirigirse la librería? ¿Sería suficiente con vender libros y café?

Libreria El Licenciado

Como ha ocurrido siempre en El Licenciado, también aquí se cumplió una máxima: no es únicamente lo que uno quiere, sino lo que las circunstancias van pidiendo. La propia librería comenzó a reclamar más espacio y, con el tiempo, llegó la ampliación. Aunque desde el principio existía la Hora del Cuento todos los sábados a las cuatro de la tarde para los niños, todavía no se habían consolidado los espacios culturales para jóvenes y adultos, que hoy constituyen una de las características esenciales de la librería. Presentaciones de libros, entrevistas con autores y muchas otras actividades pasaron a formar parte de la programación cultural de cada mes.

No suficiente con esto, más adelante llegó también el buk tuk, con el propósito de convertir la librería en un espacio móvil y llevar los libros a colegios, ferias e instituciones, haciendo que encontraran nuevos lectores más allá de un local comercial.

Ningún propósito de la librería surgió de manera forzada. Al contrario, cada proyecto apareció porque la misma librería lo fue reclamando. Las redes sociales comenzaron después de dos años de funcionamiento; cuatro años más tarde llegaron los clubes de lectura, y alrededor del sexto año empezaron los talleres, charlas y entrevistas con escritores.

Nunca se quiso hacer nada por simple obligación o porque estuviera de moda. Si hay que empujar demasiado, por ahí no es. Siempre estuvo claro que cada iniciativa debía responder a un deseo genuino y a una necesidad real que desbordara. Solo así cada evento tendría sentido y podría convertirse en una experiencia valiosa para quienes llegaban a la librería. La Hora del Cuento nació del profundo deseo de Yuly —la propietaria— de cultivar lectores desde la primera infancia, mientras que los Puntos de Encuentro (clubes de lectura) surgieron de manera más natural: los libros terminaban convirtiéndose, inevitablemente, en conversación.

Hoy, cuando la librería cumple diez años (y que sean muchos más), puede decirse que El Licenciado es un lugar donde no solo se compran libros, sino donde también se habitan. Un espacio en el que suceden múltiples actividades y en el que cualquier persona puede encontrar un lugar para leer, conversar y compartir.

Miro todo esto en retrospectiva —porque también hago parte de este proyecto— intentando contarlo, pero consciente de que, con cada palabra que escribo, son muchos más los hechos que quedan por fuera. Han sido años felices los que hemos vivido aquí, y quienes nos han visitado han sido testigos de ello.

En El Licenciado he podido compartir el amor que siento por los libros y la inmensa alegría de conversarlos. Porque, al final, así como Nietzsche afirmó que la vida sin música sería un error, puedo decir con tranquilidad que esa misma frase aplica también en los libros.

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Libreria El Licenciado 10 anos haciendo de los libros un lugar de encuentro
  •  10 años haciendo de los libros un lugar de encuentro
  • Confiar y esperar

    Confiar y esperar

    «La propia vida depende más de la capacidad para admitir lo incierto y el mundo por venir que de aquello que tenemos determinado y queremos dominar sin aún haber llegado».

  • Quedar bien

    Quedar bien

    «Se aprende a convivir con lo evidente sin nombrarlo, a reconocerlo sin asumirlo, a integrarlo sin cuestionarlo».

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