Con la llegada del Domingo de Ramos, la tradicional celebración que marca el inicio de la Semana Santa, expertos ambientales recuerdan la importancia de conservar la palma de cera una especie emblemática de Colombia y fundamental para el equilibrio ecológico del país.
Estudiantes y especialistas en biología y botánica alertan sobre la vulnerabilidad de esta palmera. Ángel David Castillo Valencia, estudiante de Biología de la Universidad del Quindío, explica que las palmas de cera crecen únicamente en bosques específicos, donde se genera un microhábitat vital para la fauna y flora local. “Estas palmas necesitan un manto vegetal que proteja sus plantas jóvenes y garantizar así su supervivencia”, asegura.
La amenaza es real. Rodrigo Bernal, reconocido botánico, advierte que la especie se encuentra al borde de la extinción. En áreas como el Valle del Cocora, cada año mueren cerca de 10 de las aproximadamente 1.000 palmas que existen en potreros, lo que pone en riesgo su presencia para mediados de este siglo.
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La palma de cera no solo tiene valor ecológico, sino también cultural. La tradición del Domingo de Ramos proviene del uso de hojas de palma en la entrada de Jesucristo a Jerusalén, y aunque hoy en día se ha reducido el uso de las palmas silvestres, todavía persisten prácticas de extracción y comercialización que afectan los bosques. La ley protege a la palma nacional desde 1985 y establece sanciones severas para quienes la utilicen de manera ilegal, incluyendo penas de prisión y multas económicas.
Los expertos insisten en alternativas sostenibles. “Se pueden usar hojas de plantas cultivadas en viveros o materiales reciclados como la cáscara de amero, evitando así dañar los ecosistemas”, señala Castillo Valencia.
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El daño que sufre el territorio al extraer palmas de cera va más allá de la pérdida de un árbol. Estas palmas sostienen relaciones vitales con especies como el Loro Orejiamarillo, escarabajos polinizadores y el Oso de Anteojos. Además, contribuyen a la regulación climática al absorber carbono y liberar oxígeno, ayudando a mitigar el cambio climático.
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Su ciclo de vida es lento: para que una palma alcance un metro de altura se requieren 10 años, mientras que el desarrollo completo de su tallo puede tardar 50 años y la reproducción cerca de 70. Pese a ello, la deforestación, la ganadería y el turismo no sostenible ponen en riesgo su permanencia. Colombia alberga siete de las doce especies de Ceroxylon que existen en el mundo, cuatro de ellas en el Quindío.
La Universidad del Quindío hace un llamado a la ciudadanía: respetar y conservar la palma de cera es proteger la biodiversidad y garantizar el equilibrio ecológico de la región. Usar alternativas sostenibles durante la Semana Santa no es solo un acto de respeto cultural, sino un compromiso con la vida y el planeta.
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