La Fiscalía de Perú investiga al presidente por supuesto tráfico de influencias tras sus citas clandestinas con empresarios chinos

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Lo han bautizado como el Chifagate con la facilidad con la que la política peruana bautiza sus caídas. José Jerí cumplió cien días en el poder acorralado por sostener reuniones fuera de Palacio con el poderoso empresario chino Zhihua Yang, conocido como “Jhonny”. Dos escenas zarandean estos días a Jerí, un presidente que no fue elegido en las urnas. Una es la del mandatario, encapuchado, ingresando a un restaurante de comida china —en Perú los llaman chifas— una medianoche durante las Navidades. La otra muestra a Jerí, con lentes oscuras, paseándose por una tienda clausurada. Dos escenas y un patrón: visitas discretas, sin agenda y con una explicación que va cambiando de forma.

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