
Todo eran risas este martes en el larguísimo malecón de Mazatlán, niños corriendo, echándose nieve artificial, confeti, pompas de jabón, riendo, en fin, protagonistas de un ejercicio de despreocupación genuino. El sol calentaba en el sur de Sinaloa, en perfecta armonía con la brisa, fresca y abundante, coletazos del invierno suave del Pacífico. Desde primera hora, cientos de personas ocupaban los márgenes de la calzada, provistas de sillas, taburetes y neveras portátiles, cerveza en mano, con la única inquietud de los trajes que vestirían los bailarines, ya en la tarde. La crisis de violencia que sufre esta zona del litoral mexicano en las últimas semanas parecía no existir, o no importar, almacenada, a la fuerza, en el desván de los problemas por resolver. Hoy, último martes de fiesta, no era día de torcer el gesto.



hace 1 mes
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