En una esquina de Medellín nació una pequeña Plaza Botero: así es el museo al aire libre de Buenos Aires

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En una esquina de la Urbanización Los Cerros, en el barrio Buenos Aires de Medellín, seis esculturas inspiradas en la obra de Fernando Botero llamaron la atención de quienes transitaban por el sector. Las piezas fueron elaboradas por el artista local José Hernán González, quien convirtió parte de su entorno en una exposición al aire libre dedicada al maestro antioqueño.

La iniciativa nació en medio de una actividad escolar de uno de los hijos de González. Al hablar en familia sobre la obra de Botero y las dificultades que algunos jóvenes tienen para desplazarse hasta la tradicional Plaza Botero, surgió la idea de crear reproducciones que pudieran ser vistas en el propio barrio y, posteriormente, llevadas a instituciones educativas.

Con el paso del tiempo, el proyecto tomó forma. González, de 56 años, comenzó su acercamiento a las artes plásticas en la década de 1990, cuando estudió pintura en Bellas Artes. Sin embargo, las dificultades económicas interrumpieron su formación universitaria y posteriormente se dedicó a trabajos relacionados con la elaboración de vallas publicitarias, murales, diseño gráfico y aerografía.

Fotos: José Hernán González

Su experiencia con las figuras de gran formato también fue determinante. Al trabajar en la fabricación de estructuras para espacios comerciales, aprendió a manipular materiales como el icopor, conocimiento que posteriormente aplicó a la elaboración de las esculturas instaladas en Los Cerros.

Un proceso artesanal

Las seis piezas fueron construidas de manera artesanal. El proceso comienza con una estructura tallada en icopor, que luego es recubierta con malla metálica y asegurada con cemento. Después se aplica una mezcla de materiales cálcicos para conseguir una textura similar a la cerámica, antes de incorporar el acabado en color bronce y una capa de barniz para proteger las obras de las condiciones del exterior.

Fotos: José Hernán González

Según los testimonios recogidos por el periodista Ángel Castaño Guzmán y publicados por El Colombiano, González destinó cerca de siete millones de pesos para elaborar las seis piezas que actualmente permanecían instaladas en el sector.

La exposición está integrada por reproducciones inspiradas en obras como el Torso, la Paloma, el Caballo, la Guitarra, las Siluetas y un Gato. Sobre esta última figura, el artista explicó que correspondía a una pieza que, según sus indagaciones, hacía parte de una colección privada.

«Yo tengo una que inclusive es de una colección que es privada, porque no está como muy al público, es un gatico que es como una bolita así muy gordito», relató González.

Fotos: José Hernán González

Las esculturas llevaban cerca de cuatro meses instaladas en el lugar. Algunas habían presentado deterioros menores debido a personas que se subían sobre ellas, aunque el artista señaló que no tenía previsto venderlas y que su intención era mantener y ampliar el proyecto.

Llevar el arte al barrio

Para González, la iniciativa también buscaba acercar el arte a niños, jóvenes y habitantes del sector. Su propuesta parte de la idea de utilizar los espacios cotidianos para promover conversaciones alrededor de la cultura y la memoria.

«Sería espectacular que en todas partes tengamos ese privilegio de que la juventud, los nuevos que vienen, los viejos que admiramos esas cosas, que la ciudad se vuelva algo bonito, algo hermoso, que no se hable de violencia, que hablemos en cada esquina, hablemos de arte», expresó.

El proyecto no se limitaba a las seis esculturas instaladas actualmente. González planteaba continuar elaborando piezas y llevar la iniciativa a otros sectores de Medellín, con la intención de convertir diferentes espacios del barrio en escenarios para acercarse a la escultura y a la historia del arte.

Entre sus proyectos también contemplaba realizar nuevas figuras inspiradas en referentes de otras culturas, como los soldados de terracota de China.

De esta manera, una iniciativa que comenzó como una actividad familiar terminó ocupando una esquina del barrio Buenos Aires con reproducciones de la obra de uno de los artistas colombianos más reconocidos, mientras su creador buscaba ampliar el espacio y convertirlo en un punto de encuentro alrededor del arte.

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