
Por estos días, una narrativa inquietante ha ganado espacio en el debate público: la supuesta vulnerabilidad de las elecciones colombianas por cuenta del software de escrutinios. Se afirma, a mi parecer, con premura, que el sistema estaría en riesgo estructural. Desde distintos sectores han llegado advertencias sobre fraudes, cuestionamientos a los algoritmos y dudas sobre si el sistema tecnológico podría alterar los resultados. Esa conversación, sin embargo, se sostiene sobre una confusión que conviene despejar con precisión: no es el software electoral quien decide a los ganadores, sino la voluntad expresada en los votos.

hace 12 horas
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