El descontento en Cuba empieza a tomar forma con cacerolazos y asambleas estudiantiles

hace 22 horas 7

La escasez de combustible sigue haciendo mella en una Cuba al límite que, con cada día que pasa, acumula razones para el descontento. Los habitantes de la capital, con más impotencia que determinación porque no le ven el final a la precariedad, han vuelto a agarrar sus calderos para protestar por las prolongadas horas sin electricidad. La última semana, los apagones se han cebado con los barrios de La Habana ―en el resto de provincias del país ya las afectaciones superan las 24 horas desde hace tiempo―, alternando unas cuatro horas de electricidad con unas 15 horas de apagón. “Así no hay quien trabaje, ni estudie, ni sea feliz”, dice Leandro Fernández, un joven estudiante de la Universidad de La Habana que reside en la barriada del Cerro. Conversa, cazuela en mano, fiel a una costumbre que puso en práctica desde hace una semana, junto con otros vecinos, sobre las nueve y media de la noche, cuando ya es habitual que lleve unas 13 horas sin electricidad.

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