Economista es el nuevo sexy

hace 6 horas 2

Economía para todos, John Chica

Con su perfil académico, los economistas colombianos encarnan esta versión criolla del smart is the new sexy. El votante moderno parece estar buscando en el tablero de un economista la seguridad que antes buscaba en el discurso de plaza.

Por John Chica. Colaboración con Oriente Capital (@oriente.capital).

Recuerdo que cuando era niño, los nerds eran personajes ridiculizados y abusados en prácticamente todas las series, películas y dibujos animados de la época. Ser nerd era sinónimo de vergüenza, de potencial sufrimiento; había una especie de licencia social para que los demás se burlaran de ti, te hicieran bromas pesadas y te excluyeran de cualquier escenario de integración social.

En ese entonces apareció una película llamada La venganza de los nerds, en la cual un grupo de estudiantes marginados y acosados decide crear su propia fraternidad para humillar y desmontar la reputación de los chicos populares de la fraternidad de atletas Alpha Beta.

El nerd, sin embargo, continuó siendo un personaje cómico y secundario que aliviaba al galán o protagonista. Pero poco a poco algo cambió. Los inteligentes empezaron a ganar relevancia y terminaron siendo los protagonistas.

Basta poner un par de ejemplos: Sheldon Cooper y Leonard Hofstadter, que en The Big Bang Theory pusieron la física cuántica en el prime time. Desde la literatura, Sherlock Holmes posicionó el pragmatismo técnico, y luego Gambito de dama mostró cómo el dominio de un campo complejo como el ajedrez se volvió una renovada forma de carisma.

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En Colombia también experimentamos esta evolución. Todos recordarán a Beatriz Pinzón Solano, la economista poco agraciada que llenaba las noches de drama a todas las familias colombianas, con su característica risa y sus estrategias administrativas —mesiánicas, y muchas veces en la delgada línea de lo ético— para salvar el pellejo de don Armando.

Más que a Betty, deberíamos tener en la memoria a Nicolás Mora, el gran economista que no solo salvó a Ecomoda en más de una ocasión, sino que demostró pericia y versatilidad en varios campos de aplicación como la especulación bursátil, la estadística y la planeación financiera.

Esta mutación cultural ha permeado la realidad nacional y ha llegado a la política. Colombia es un país algo cansado del caudillismo emocional y, por tanto, se ha desarrollado una moderna fascinación por el «político-tecnócrata». Hoy, los economistas son los nuevos protagonistas del reality electoral. Personajes que dominan la regla fiscal, el PIB y las proyecciones de inflación son percibidos no solo como competentes, sino como figuras aspiracionales.

En el panorama hacia 2026, figuras como Juan Daniel Oviedo —vice de Paloma Valencia— con su vasto conocimiento econométrico y demográfico; José Manuel Restrepo —vice de Abelardo de la Espriella— con su perspectiva sobre el desarrollo productivo del país; José Antonio Ocampo —cercano a Fajardo— con su visión estructuralista y desarrollista; Salomón Kalmanovitz —cercano a Claudia López— con sus bases históricas e institucionalistas; y el propio Gustavo Petro, líder natural de Iván Cepeda, con su keynesianismo verde y su socialismo ecológico al estilo de Thomas Piketty; serán personajes a tener en cuenta en el debate de las ideas y en la materialización de los resultados electorales.

Con su perfil académico, los economistas colombianos encarnan esta versión criolla del smart is the new sexy. El votante moderno parece estar buscando en el tablero de un economista la seguridad que antes buscaba en el discurso de plaza. La seducción ya no viene del grito, sino del dato preciso y la explicación técnica. Al igual que en la televisión, en las urnas colombianas estamos aprendiendo que no hay nada más atractivo que alguien que, en medio del caos, parece saber exactamente cómo funcionan los números. En este sentido, el voto de opinión económica podría definir en el corto plazo esas pequeñas ventajas que cualquiera de los candidatos necesita para ganar.

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