Dar y recibir

hace 1 semana 13

En la cocina, Yury Marcela Ocampo Buitrago

Las sociedades han progresado en la medida en que ellas mismas, sus subgrupos y, por último, sus individuos han sabido estabilizar sus relaciones: dar, recibir y, por último, devolver.

Por Yury Marcela Ocampo Buitrago.

«Gallinazo no seas bobo recibí lo que te dan», decía mi abuela materna cuando alguien se negaba a recibir un regalo. Y es que recibir no es tan sencillo, ni siempre fácil. Tanto en el recibir como en el dar, pero especialmente en el recibir, se ponen en juego condicionamientos sociales y compromisos que ponen en falta a quien recibe sin la intención de devolver y afinca en el poder a quien da sin la intención de recibir.  

El truco está en que, en esas acciones, no solo se entrega o se recibe la cosa misma que es el regalo y lo que pueda significar, sino que, al mismo tiempo, se está dando la posibilidad de generar o afianzar un vínculo a través del compromiso de la reciprocidad. El cual se basa en la capacidad de recibir, así como hemos dado, y de dar o devolver cuando hemos recibido. Es un intercambio no solo de cosas, su valor material y simbólico o su utilidad, sino que se trata de una relación que implica compromisos.

Un ejemplo de esto lo encontramos en la parábola bíblica del óbolo de la viuda, en la que Jesús elogia a una viuda pobre que dio las pocas monedas que le podrían faltar mientras los ricos daban las muchas que les sobraban. Acá parece que el valor no está en la cantidad de monedas, sino en el desprendimiento, el sacrificio, la generosidad y en lo que pudiera recibir la viuda como retorno de su ofrenda.  

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En su ensayo sobre el don, Marcel Mauss muestra que, para crear y mantener relaciones y vínculos sociales, es fundamental ese intercambio de dones, sean estos materiales o no. Estos vínculos surgen no por dar, recibir o devolver lo mismo, sino por el mantenimiento del intercambio, por la reciprocidad. Si se rompe el ciclo de dar, recibir y devolver, también se rompe el vínculo.

Según este autor, todo intercambio de dones, por solidario o generoso que parezca, guarda una funcionalidad o utilidad que no siempre es explícita ni se relaciona con la funcionalidad o utilidad del regalo. Por ejemplo: cumple funciones como redistribuir recursos y riquezas; mantener jerarquías sociales, pactos, relaciones; generar y preservar el prestigio y el poder; evitar conflictos y guerras, etc.

Volviendo a donde empezamos, la dificultad en dar o recibir reside en esas funciones sociales que se materializan en el intercambio. El rechazo al regalo, al don, a recibir no es pues un rechazo a la cosa misma, sino a la generación o reiteración de un vínculo y al compromiso tácito de devolver.

Guardando las proporciones, esta dificultad no solo se presenta en el intercambio entre personas o grupos sociales, sino que también aparece con relación a ese otro que es el Estado. En los intercambios con este, que no están en la lógica de lo estrictamente mercantil o estrictamente solidario, como el pago de impuestos o la garantía de derechos, suele perderse de vista su función social, su utilidad para la cohesión, la vida colectiva y en común.  

En un país como el nuestro, es como si se interpretara que lo que ofrece el Estado es caridad dirigida a quienes no están en la capacidad de ser recíprocos y lo que le entrega es un regalo sin retorno. Como si no se tratara de los compromisos y beneficios de la vida en colectivo. Por eso, es común escuchar ese reclamo de «es que lo quieren todo regalado» para referirse a quienes reciben algún subsidio o beneficio estatal; pero al mismo tiempo son frecuentes las quejas frente al pago de impuestos, que se experimenta como un despojo y no como la entrega de un tributo con retorno colectivo.

Pero, sirviéndonos del mismo Mauss, este intercambio, como cualquier otro, no puede leerse en términos del valor de la propia cosa recibida o dada, de la utilidad individual que se ofrece o se recibe, en este caso del Estado, sino de su función social.

Tendríamos que preguntarnos cuál es la utilidad de la garantía de derechos, incluso mediante los subsidios, y cuál es la utilidad social de los tributos. Podríamos preguntarnos, por ejemplo, en qué nos beneficia individual y socialmente que el Estado cuide del hambre a algunas personas o grupos sociales, ofrezca educación pública o subsidie servicios como el alcantarillado o electricidad.  

Mauss lo tenía claro: las sociedades han progresado en la medida en que ellas mismas, sus subgrupos y, por último, sus individuos han sabido estabilizar sus relaciones: dar, recibir y, por último, devolver.

Así que, gallinazo, no seas bobo, recibí lo que te dan y recibí también el compromiso de la reciprocidad.

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