Cosas extrañas

hace 4 horas 3

Qué cosas tan extrañas son los pensamientos a lo largo de los años. Uno se levanta temprano como cualquier pájaro, y en las tardes, no se ve «de uno», ni un alma enserenada, ni en la calle, ni en el camino.

María Gabriela Pavas Álvarez

Hay una parte nuestra que nos conmueve en estos días, después del terremoto del 10 de agosto del 2026; que nos indica que hay dolor y adversidad en muchos hogares de Colombia y el mundo. Por medio de la palabra deseo que llegue el más fuerte de los abrazos, que sea la palabra un refugio en algún momento, de soledad o de frío.

Tengo también un saludo especial para los adultos mayores, ya que, en el mes de agosto, se celebra su día; que sea entonces un motivo para sentirse queridos y recordados.

La siguiente es una columna y un poema, que dedico a los adultos mayores. Y que he titulado «Cosas extrañas».

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Cosas extrañas

Qué distinta es la gente cuando uno se dedica a observarla. Qué extraños son sus pasos; una gente va a cualquier parte sin afán, y otra a pasos largos, como si la vida se fuera a acabar. Pero hay un grupo que veo con curiosidad, ¡qué raro!, lo veo y por ahí me encuentro yo; vamos distraídos, a veces desbocados, a cada rato tropezamos, caemos y se nos raspan las rodillas, chapaleamos en las piedras, nos reímos de nosotros mismos y nos volvemos a parar, un grupo olvidadizo, que se ahoga con confites en la boca, o con saliva como niño.

Cualquier día, cuando menos piensa, uno ya es persona vieja, pero de pronto, brinca sin parar, y se asoma algún aliento, entonces da vueltas y quiere jugar de nuevo, persigue un globo inflado con aire, como si en él se contuviera el tiempo, como si fuera un mundo diminuto, y cada globo guardara de memoria, de cada uno, la vida ya vivida.

Qué cosas tan extrañas son los pensamientos a lo largo de los años. Uno se levanta temprano como cualquier pájaro, y en las tardes, no se ve «de uno», ni un alma enserenada, ni en la calle, ni en el camino.

Miro de reojo por las rendijas de la puerta; al mediodía, y afuera no hay adultos asoleados. Aunque, les digo una cosa, se escucha que suenan cuerdas de guitarra adentro de las casas; entonces reconozco los sonidos detrás de las ventanas y sé que ahí está la gente de mi grupo, dando serenata, con el mástil desportillado y las cuerdas reventadas. Aunque los huesos duelan, reverberan altos, como alas de libélula los ánimos.

Es extraño, pero el tiempo es mágico. Ayer no más, cuando dormía, sacudí el aparador mientras soñaba, y encontré un papel donde decía que hace tiempo fui poeta.

Acaso me despierto, con algo en la memoria y ahí va lo que escribía.

Corazón añejo

Llegará la edad tercera
y en ella seremos niños de nuevo;

llegará en la lluvia, llegará en la primavera.
«Llegó ligero mi edad tercera»,
acaso, atrás, añejo se queda el tiempo
con las manos en la cintura, que van en jarra,
con mariposas, flores y manchas.
A viva voz suplico a la vida un tris de sol,
y un poco de aliento donde maduren palabras de abuelo.
Que salgan del traje viejo, antiguos saberes de niño;
que se pulan leños frescos para bordones nuevos.
Adulto mayor, toma mi mano,
¡qué más da! Querido amigo, amigo del alma;
aquí estamos, miremos juntos hacia el mismo lado;
nos alumbra la nueva luna,
nos cobijan las viejas estrellas.
Aunque andemos despacio, y lenta se gire la tierra
ahí vamos con ella, andando, rodando,
debajo del manto azul cielo.

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