
Llegar a El Peñol y Guatapé es como asomarse a un pedacito de mar tierra adentro. El horizonte se abre entre pequeñas islas y el azul se divide limpiamente entre el cielo y el agua. Lo que muchos no saben cuando llegan con neveras, flotadores y ánimo de fiesta es que ese espejo de agua se traga, año a año, múltiples vidas.








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